domingo, 25 de noviembre de 2012
La Historia Personal y el Cine
Esta descripción puede catalogarse como nuestra "historia personal." Es algo así como el argumento de nuestras vidas. Si prestamos atención, notaremos que nos referimos a nosotros mismos como si fuéramos el personaje de una película.
Si bien nuestra historia personal es parte importante de nuestra vida, no es lo que "somos" en realidad. De la misma manera en que el mapa de un país no es ese país, o que una foto del mar no es el mar.
De hecho, esta historia personal termina convirtiéndose en una especie de lastre que arrastramos a todo lugar, en una especie de jaula que inconscientemente nos limita y encasilla. Termina convirtiéndose en el lente a través del cual filtramos nuestra experiencia de la realidad, creando constantemente categorías de bueno vs malo.
Luego olvidamos que estos juicios y categorías son relativas y arbitrarias, son ideas que constantemente imponemos a la realidad. Diferentes historias personales juzgan el mismo evento de diferentes maneras, dependiendo de las situaciones que cada una de ellas ha vivido. Nuestras historias tienden a limitar la realidad. Es cierto que nuestra historia personal muchas veces es bastante útil, sin embargo no es necesario llevarla con nosotros a donde quiera que vamos, no es necesario tomarnos siempre tan en serio el personaje de la película.
Continuando con esta metáfora, si comparamos nuestra historia personal con el personaje de una película, quizás podamos empezar a notar algo que generalmente pasamos por alto, tanto en el cine como en la vida. Esto es la pantalla sobre la cual la historia se refleja.
Esta pantalla tiene unas características muy peculiares, resulta que aunque en la película haya un incendio, la pantalla no se quema, y si hay un diluvio la pantalla no se moja, no se ve afectada por nada de lo que sucede en la película, estaba antes de que la película empezara y continuará una vez la película termine, además sobre la misma pantalla se pueden reflejar todas las películas.
El personaje de la película tiene infinidad de preferencias, problemas, apegos y aversiones, pero esta pantalla es libre de todo eso. El descubrimiento de este lugar es análogo a la liberación de nuestra historia personal, a la liberación de nuestra identidad limitada para dar paso a nuestra identidad real.
En el budismo, a esta pantalla se le conoce como el "absoluto" o la "naturaleza del Buda" Es ese lugar sin límites, sin tiempo ni espacio, más allá de toda idea o concepto. Desde este lugar es claro que toda separación es superficial e ilusoria, no importa cuantas películas se proyecten, la pantalla sigue siendo una sola, este descubrimiento equivale al gran despertar.
Si bien es cierto que este despertar genera un profundo cambio en las vidas de aquellos que lo experimentan, eso no significa que de ahora en adelante el personaje de la película será perfecto, libre de problemas o inmortal. La película del mundo relativo sigue su curso y eventualmente terminará. Las personas que descubren este lugar siguen participando activamente en su papel, pero reconocen la superficialidad del mismo, ellos saben que su papel no es lo que en verdad "son." Es la máscara que necesitan para participar en la película.
La siguiente realización es ver como la película y la pantalla se soportan y complementan una a la otra. Esta es la unión de lo relativo y lo absoluto, de la forma y el vacío, como dos flechas que se encuentran en el aire. Cada uno de nosotros es lo absoluto de la vida, cada uno de nosotros es la fuente del universo entero, y al mismo tiempo cada uno de nosotros está cumpliendo su minúsculo papel en la película del mundo relativo.
Vivir en este lugar es vivir en el interior de cada ser, de cada mente y de cada corazón. Y al mismo tiempo es ser libre de no vivir en el interior de ningún ser, de ninguna mente y de ningún corazón.
jueves, 15 de noviembre de 2012
No Hay Tiempo (Para Entender)
Esta forma de organizarnos evita que el caos y la confusión se apoderen de nosotros, como dije antes, nos brinda un punto de referencia. Sin embargo el utilizar tanto esta herramienta inconscientemente, ha hecho que se nos olvide que en realidad no está ahí. No hay "algo" a lo que podamos llamar "el tiempo." No es una fuerza u objeto tangible, no está ubicado en ningún lugar y no tiene ningún efecto sobre nada, es una idea más.
Lo que existe es el cambio, la impermanencia. No hay ninguna forma que pueda quedarse estática indefinidamente. Ningún pensamiento, sensación, sonido u objeto físico permanece sin cambiar y eventualmente desaparecer, desde partículas subatómicas hasta galaxias enteras, incluyendo por supuesto a los seres humanos, todo siempre está en constante cambio.
Entonces de dónde salió nuestra idea del tiempo? Una explicación es que las formas tienen ciertos patrones generales que siguen al cambiar. Esto ha sido explorado por la ciencia y se describe principalmente por la segunda ley de la termodinámica, que en resúmen demuestra como todo tiende a volverse cada vez más y más complejo y "desordenado." Es por eso que si vemos un huevo estallado en el suelo, asumimos que antes estaba sin estallar, si vemos un cubo de hielo y un charco de agua, reconocemos cuál es el orden de los sucesos. Un charco no se congela en forma de cubo y un huevo estallado no vuelve a su estado anterior, todo tiende a "desordenarse."
El tiempo entonces es un concepto que hemos diseñado para tratar de comprender este constante cambio que vivimos momento a momento en nuestra experiencia sensorial, es una manera de darle sentido a esta experiencia, es algo que nuestra mente ha creado pero que en realidad no está ahí.
Dicho de otra forma, el tiempo es un invento que responde a nuestra necesidad de "entender" lo que está pasando. Estamos programados para tratar de entender, ya que entender nos permite predecir y por ende sobrevivir, que es el impulso fundamental de todo organismo consciente, categoría a la que desde luego pertenecen los seres humanos.
Esta capacidad de entender cada vez más y más es algo admirable que la naturaleza ha venido desarrollando y perfeccionando, y cuya máxima expresión se refleja en el ser humano.
Sin embargo y de forma paradójica, esta necesidad inconsciente de entender puede convertirse en una obsesión que termina haciendonos prisioneros de nuestra propia razon, puede hacernos sufrir, hacernos sentir limitados e impotentes.
El Zen - al igual que otras tradiciones contemplativas - nos ayuda a ponernos en contacto con aquella parte de nosotros que va más allá de la necesidad de entender, que está antes del surgimiento de esta necesidad, que es libre de esta necesidad. El Zen no niega la existencia del entendimiento, lo abraza y lo trasciende, para llevarnos a un lugar más allá de él, sin fornteras o límites, sin comienzos ni finales, sin puntos de referencia, sin tiempo.
El descubrimiento de este lugar que no es un lugar en el sentido convencional, produce un gran cambio en los seres que lo experimentan y cultivan, dando paso a la posibilidad de una vida mucho más rica y profunda, y paradójicamente crea el espacio para un entendimiento racional aún mayor. El reconocer los límites del entendimiento hace que los mismos se expandan más allá de lo conocido.
Así el verdadero y libre entendemiento va más allá de entender y no entender.
lunes, 14 de marzo de 2011
Mozartianos Vs Beethoveños: El Proceso Creativo Musical
El misterio que subyace la génesis creativa se ilustra en el espíritu de dos músicos geniales que funcionaban de maneras distintas.
Artículo Publicado en la Edición Musical de la Revista Playboy Colombia - Noviembre de 2010
A lo largo de la historia de la música han existido pocos personajes como Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig Van Beethoven. Ambos han jugado papeles indiscutibles y cruciales en el desarrollo de la estética musical occidental. Sus creaciones son parte fundamental del canon, y se mantienen obligatorias en los repertorios de los grandes artistas mundiales.
Interminables discusiones sobre quién fue el “mejor” compositor han poblado el escenario musical. Ambos cuentan con fervorosos seguidores al mejor estilo de las barras bravas futboleras. Esta vez nos dedicaremos a comparar no sus obras como tal, sino los procesos que subyacen a la génesis creativa: las maneras en cómo este par de genios producían sus obras maestras.
El proceso creativo en la música, así como en las demás artes y en la ciencia, siempre tiene algo -o mucho- de misterioso. No hay fórmulas que garanticen el éxito y nunca hay claridad total de cuál será el resultado final. A veces la inspiración llega debido a un acontecimiento vivencial que busca ser expresado artísticamente. Otras veces la creación surge bajo presión, con la premura de entregar un trabajo que ha sido encargado con unos tiempos definidos.
Stravinsky afirmaba que la genialidad implica un 10% de inspiración y un 90% de transpiración. Incluso, los más dotados compositores fueron también apasionados y dedicados estudiosos de su oficio. Como quien dice, hay que trabajar.
Decidí escoger estos dos compositores porque según cuenta la historia, sus procesos de composición parecían diametralmente opuestos.
Mozart, catalogado como niño genio y prodigio de la música a muy temprana edad, describía su proceso creativo así: “cuando estoy solo conmigo mismo, mis ideas fluyen mejor y con más abundancia. Las que me gustan las recuerdo hasta que puedo preparar un buen plato con ellas; esto quiere decir: ajustado a las reglas del contrapunto, a las peculiaridades de los distintos instrumentos, entre otros. Suponiendo que nada me distraiga, el tema se va ensanchando, ordenando y definiendo en mi mente hasta que puedo verlo como un fino retrato o una bella estatua; de un golpe. Cuando procedo a escribir mis ideas, las saco de esta bolsa que se encuentra en mi memoria”.
Mozart, de alguna manera, sentía que sus composiciones le eran “dictadas”. Empezaban con una idea y poco a poco se iban hilvanando en su mente hasta convertirse en la obra completa. En ese punto era capaz de escuchar todas las partes en su totalidad. Una vez esto sucedía, era sólo cuestión de transcribirlo al papel, lo cual ocurría con “suficiente rapidez”.
De ahí se desprenden las historias de cómo Mozart era capaz de escribir mientras jugaba billar, o la vez que un mendigo le pidió dinero, y éste, al no encontrar nada en sus bolsillos, extrajo un pedazo de papel, escribió una melodía y le dijo: “llévala a un editor y te darán buen dinero”. La música estaba en él antes de que la transcribiera.
Beethoven, por otra parte, vivió una historia bastante diferente. Mientras la niñez de Mozart estuvo plagada de elogios gracias a su condición de niño prodigio, la de Beethoven se caracterizó por los abusos que le propinaba su padre, quien queriendo aprovecharse del talento de su hijo le restaba años a su edad, haciéndolo parecer menor; tratando de hacer de él un segundo Mozart, aunque con escaso éxito.
Esta infancia difícil y los muchos conflictos personales que marcaron su vida parecían reflejarse en el proceso creativo de Beethoven. Mientras que Mozart era un canal a través del cual la música fluía libremente y sin obstáculos, Beethoven luchaba ferozmente con sus obras. Mozart no hacía borradores y sus obras se volcaban enteras al papel, mientras que los manuscritos de Beethoven están repletos de tachones, como si cada nueva nota tuviera que pasar por un doloroso filtro antes de presentarse ante él. Las cortinas y paredes de las casas donde vivía permanecían “decoradas” con pentagramas, corcheas y claves de sol que eran rayadas con furia.
Originalidad
Mozart fue capaz de crear obras que reflejan la sutil armonía universal. Sus melodías fluyen como arroyos en primavera. Se han realizado estudios que demuestran que cuando las vacas escuchan a Mozart producen más leche, y que los niños que disfrutan de sus composiciones crecen más inteligentes: se trata del recientemente cuestionado “efecto Mozart”. Su música reconforta nuestro espíritu, lo apacigua. Mozart llevó la música de su época a la máxima expresión de la perfección casi sin proponérselo.
Beethoven, por otro lado, no perfeccionó lo que venía: lo cambió todo. Aunque empezó su carrera basándose en las técnicas de composición y en las formas establecidas, terminó dándole un rumbo totalmente nuevo a la música occidental; especialmente al final de su vida y su carrera, lo cual le generó una gran incomprensión por parte del público.
Aquel ferviente deseo de Beethoven por descubrir nuevas formas de expresión musical lo llevaba a estados de delirio y locura: la gente se burlaba al verlo tararear intensamente sus melodías mientras caminaba por las calles de Viena. Pero su recompensa se presentaba en la creación de obras sin precedente que escarban lo más profundo de las pasiones, las tragedias y las paradojas del alma humana.
Los músicos siempre estamos luchando por “encontrar nuestro sonido”. Nos pasamos interminables horas frente a nuestro instrumento o frente a la hoja pentagramada en blanco, buscando nuestra propia identidad musical, sin saber que esa identidad nos fue dada por el solo hecho de haber nacido. Cito a Mozart de nuevo: “…el por qué mis composiciones tienen eso que las hace mozartianas y diferentes de los trabajos de otros compositores, es tal vez por la misma razón que mi nariz es tan larga y aguileña, diferente a la de las demás personas, ya que en realidad no apunto a tener ningún tipo de originalidad.”
Habiendo dicho esto, si Beethoven no hubiera forcejeado interminablemente con cada una de sus notas, hoy no tendríamos La Sonata Patética ni El Concierto Emperador.
La olla creadora
Personalmente siento que el proceso creativo no tiene comienzo ni fin discernibles de una manera absoluta. Lo digo porque, contrario a lo que a veces se piensa, nunca se crea algo de la “nada”; más bien se crea a partir de lo que ya existe. Como músico que ha trabajado en diversos territorios, he tenido la experiencia personal -y conozco las experiencias personales de muchos colegas- de componer algo por el simple deleite que implica el acto de crear; y también me he visto en apuros a la hora de entregar algo que debo hacer por encargo y que debo terminar, esté inspirado o no.
Mi opinión es que la composición musical es un proceso que empezó desde que el hombre y la mujer descubrieron el sonido. Es una actividad que se ha venido replicando de un ser humano a otro; de cultura en cultura, y que ha evolucionado junto con el resto de la civilización.
Mozart no hubiera sido Mozart sin un Bach precediéndolo y ciertamente Beethoven no habría sido Beethoven sin Mozart. Se necesitó de un John Lennon para que apareciera un Kurt Cobain, de un Beny Moré para que fuese posible un Rubén Blades y de un Charlie Parker para que Miles Davis hiciera lo que hizo.
Las personas que hacemos música no deberíamos llevarnos todo el crédito de nuestras composiciones: cada pieza que se crea hoy en día contiene la historia entera de la música; un compositor es más como una olla en la que han confluido diversos ingredientes que producen platos a veces deliciosos y a veces no tanto. Pero más que ser el artista el que crea: es la música misma, la actividad musical, la que escoge manifestarse a través de aquel.
Mozart escribía su música aparentemente sin esfuerzo. Pero para que esa música fluyera se necesitaron interminables horas frente al teclado, leyendo partituras o escuchando las obras de otros compositores. Mozart entendía la música, pero no creó de la nada. De alguna forma podemos decir que su mente se las arregló para organizar de maneras nuevas lo que ya conocía, y luego las presentaba como un delicioso manjar listo para ser devorado por sus propios oídos, y posteriormente por los oídos de los amantes de la música -y por las vacas- hasta el presente.
Por otro lado, no creo que las vacas sean capaces de dar más leche escuchando a Beethoven y no le recomendaría a ninguna madre poner a sus hijos a dormir con la quinta sinfonía. Pero si algún día usted desea que su alma se revuelque y marche desde la tragedia hasta el éxtasis sublime, solo tiene que escuchar el segundo movimiento de la séptima sinfonía.
No hay manera de afirmar quién es mejor; cada obra es para momentos, estados de animo y quizás para etapas diferentes de la vida.
Lo hermoso es presenciar el contraste de cómo estos genios daban nacimiento a sus obras: uno desde la fluidez y la conexión con algo que él consideraba divino; el otro desde el dolor y la pasión humanas; desde la lucha fervorosa con sus demonios personales, que en momentos de misericordia transformaban su sufrimiento en magníficas sucesiones de notas que hasta el dia de hoy envuelven los oídos, las mentes y los corazones de millones.
Bien sea que nuestro proceso creativo se manifieste mozartiana o beethovenianamente; con gracia y elegancia sin esfuerzo o con sudor y sangre; lo importante es reconocer nuestro papel como canales de algo que va más allá de nosotros mismos. No es relevante hacerse acreedor absoluto del éxito de una obra. Ni darse golpes de pecho si resulta un fracaso. Lo primordial es saber reconocer cómo la actividad musical nos ha escogido como sus padres y madres, y respetar esa decisión.
domingo, 21 de junio de 2009
Tres maneras de ver el mar
miércoles, 18 de marzo de 2009
¿Adentro o Afuera?
Aunque es una herramienta conceptual muy común en nuestro diario pensar, rara vez nos preguntamos qué está adentro y qué está afuera nuestro.
Por sentido común asumimos que lo que está cubierto por nuestra piel está adentro y lo que no, afuera. Pero si observamos con claridad, el límite entre estos dos aparentes opuestos es totalmente arbitrario y no existe en la vida real, solo en nuestra mente.
Analicemos algo tan simple como tomarnos un vaso de agua. Antes de ingerirlo podemos decir que el líquido está dentro del vaso, y afuera nuestro. Mientras que la garganta y el tracto digestivo están en nuestro interior.
Sin embargo una vez nos tomamos el agua ¿Qué sucede? Podriamos afirmar que ahora el agua está adentro nuestro. De hecho parte del agua se convierte en nutrientes que son absorbidos por algunas de nuestras células, fundiéndose de manera literal con nuestro cuerpo. Mientras que otra parte es expulsada, fundiéndose a su vez con desechos que el organismo ha metabolizado, sin ser posible medir con exactitud qué fracción del líquido absorbimos y qué fracción expulsamos.
O sea que lo que está adentro y lo que está afuera cambia constantemente y no hay manera exacta de determinar donde adentro termina y afuera empieza.
Incluso órganos tan indispensables como nuestro corazón o hígado pueden salir de nosotros en un transplante (y entrar en alguien más). De hecho nuestras uñas y cabello están permanentemente saliendo de nosotros.
La mente dualista está siempre en la tarea de medir, discriminar y diferenciar. En resumen, la mente siempre esta separándolo todo. Especialmente separándonos a nosotros mismos de los demás y del resto del universo.
Entonces sufrimos por que creemos que esas mediciones y límites son reales.
Tenemos la tendencia a pensar que el mundo está poblado por pequeños egos encerrados en sacos de piel que interactúan unos con otros. Y que nosotros somos un ego más, un YO aislado y separado que va por la vida tratando de manipular “el mundo externo” para cumplir metas y objetivos, luchando, venciendo obstáculos y tratando de alcanzar la felicidad.
Pero esa no es la realidad.
Lo que pasa es que nuestra percepción racional de la realidad es demasiado simplista e incapaz de captar su verdadera naturaleza.
Por que en realidad no hay nada afuera.
Creemos que nuestro ser esta atrapado en el interior de la piel. Pero es más acertado decir que la piel esta adentro de nuestro verdadero ser.
Ese ser es el espacio abierto sobre el cual aparecen y desaparecen todos los objetos (incluyendo el cuerpo) todas las sensaciones y todos los pensamientos. Todo lo que puedes percibir en este mismo instante está en tu interior. En el interior de la conciencia ilimitada y eterna que soporta la existencia del universo mismo.
Esa conciencia nunca nació, por lo tanto no puede morir. No envejece ni se transforma, ya que en ella se refleja todo lo que envejece y todo lo que se transforma. Cualquier objeto, sensación o pensamiento que podemos percibir es un contenido de la conciencia, pero la conciencia misma abarca todo lo que hay.
No hay nada afuera tuyo, por que tú no eres un pequeño yo atrapado en un saco de piel. Tú eres esa conciencia observadora, pura, eterna, indefinible e indestructible. Y todo esto que estás observando ahora mismo es solo un sueño pasajero, que tú mismo escogiste soñar.
Y lo más increible es que esa conciencia es la misma en ti, en mi, en un árbol, un pez o una nube, puesto que no son varias conciencias separadas, es una sola.
Es imposible decir donde adentro termina y donde afuera empieza. Por que no son dos, son uno.
Y ese uno eres tú.
Santiago Jiménez Blanco
domingo, 15 de febrero de 2009
La Muerte y las Nubes
jueves, 5 de febrero de 2009
¿Seres Superiores?
Pues ahora más grandecito me pregunto ¿Superiores en cuanto a que? Lo digo por que si me lanzan a nadar con un tiburón o a luchar con un tigre ¿Quién es superior?.
En algún momento los seres humanos nos vendimos el cuento de que somos una especie de raza avanzada diferente a todas las demás, creyendo que esto nos da el derecho a someter y dominar a las “razas inferiores”. Vemos la naturaleza como algo que debemos conquistar, algo mucho menos inteligente que nosotros y que esta ahí para ser manipulado y explotado.
Ingenuamente creemos haber escapado a la cadena alimenticia. Puede que ya no seamos devorados por osos ni cocodrilos (salvo algunas excepciones) pero seguimos siendo un banquete para bacterias, virus y mosquitos.
De la misma manera en que las hormigas construyen complejos hormigueros, nosotros construimos ciudades con intrincadas infraestructuras viales. Así como los chimpancés tienen reglas sociales (que no siempre respetan) nosotros tenemos gobiernos y normas jurídicas (que no siempre respetamos). Solo que en nuestro caso el macho alfa, el jefe de la manada y quien goza de mayores privilegios sexuales, no es el de la melena más grande ni el que ruge más duro, si no el que tiene el reloj más fino, el carro más caro y sale más en televisión.
En el fondo no hay diferencia entre los seres humanos y las demás especies. Los pájaros y los delfines utilizan el sonido para comunicarse, nosotros también. Un león lucha hasta la muerte si otro león quiere aparearse con una de sus hembras ¿Tú que harías?.
Así como la naturaleza produce manzanas, pepinos o arroz, también produce seres humanos.
Cada uno de nosotros es una expresión única de la naturaleza.
En realidad cada uno de nosotros es la naturaleza misma expresandose como un ser humano. Cuando un bebe nace decimos que ha llegado al mundo, cuando en realidad ha sido creado por el mundo. Si cambiáramos una sola cosa en el mundo, ese bebe seria diferente o tal vez ni siquiera existiría. Tú dependes absolutamente de toda la naturaleza y la naturaleza de ti, no estás separado de ella.
De hecho somos una de sus más bellas manifestaciones. Cuando vemos a los primates en el zoológico nos maravilla su parecido con nosotros mismos. Pues si observamos bien veremos que en el fondo somos una rama más de primates. Solo que caminamos más erguidos, tenemos menos pelo, usamos ropa y vamos al colegio.
Pero además de toda la perfección biológica que nos acompaña, en nosotros se manifiesta algo especial, la razón. Y la razón nos ha llevado a la luna y al fondo del mar, ha desarrollado la ciencia y nos ha hecho preguntarnos quienes somos. La razón es el puente entre el reino de los sentidos y el del espíritu, el problema es que no hemos terminado de cruzarlo.
Desafortunadamente la razón se ha vuelto en nuestra contra sin siquiera darnos cuenta. Nos ha convertido en una especie arrogante y llena de miedos, que en su afán por dominar la naturaleza solo ha conseguido destruirla. En vez de usar la razón como herramienta, ella nos usa a nosotros, nos hemos vuelto sus esclavos. Nos ha hecho creer que somos seres independientes y separados de la naturaleza que nos creó, vivimos engañados por nuestra propia razón.
Cuando las vacas pastan en una ladera lo hacen de tal forma que previenen su erosión ¿Por qué en vez de tratar de dominar la naturaleza no trabajamos en conjunto con ella?
Si dejamos nuestra arrogancia y nuestros miedos a un lado, elevamos nuestra conciencia y dejamos de sentirnos como "seres superiores" separados de todos lo demás y con la misión de doblegarlos, nos daremos cuenta de la inescapable unidad de todas las cosas.
Lo que tú estas haciendo en este mismo instante es resultado de todas las interacciones que ocurren en el universo. Lo que tú eres es una manifestacion del universo. Si eres conciente de esto te será muy fácil amar la naturaleza entera, por que la verás como una extensión de tu propio cuerpo y de tu propio ser.
La naturaleza se manifiesta de infinitas y hermosas formas.
Una de ellas eres tú. Santiago Jimenez Blanco
domingo, 1 de febrero de 2009
La Vida y la Música (homenaje a Alan Watts)
Cuando realmente escuchamos música no estamos tratando de "llegar a algo" y lo único real es el momento presente, el pasado y el futuro no importan.
Pero nuestro diario sentir es bastante diferente. Nos parece que la razón de estar vivos es precisamente llegar a algo, conseguir algo, bien sea dinero, la pareja perfecta, éxito profesional, estatus, iluminación espiritual, o el nombre que le quieras poner.
Si en nuestra sociedad un niño le pregunta a su madre ¿mami, para qué voy al colegio? Ella seguro le dirá algo como "para que aprendas y luego puedas ir a la universidad" ¿y para qué voy a ir a la universidad? "pues para que estés bien preparado cuando salgas a trabajar" ¿y para qué quiero trabajar? "para que construyas una carrera y así puedas conseguir dinero, te cases, formes una familia y llegues a ser una persona exitosa".
Así aparece en nuestra mente la idea de que la vida es una especie de viaje dividido en etapas donde el propósito final es "llegar a algo" o dicho en otras palabras "ser exitoso". Entonces nos asignan un número y nos convertimos en un participante más de la desquiciada e inconciente carrera por el éxito.
El problema es que esta carrera no viene sola, trae consigo una constante angustia producida por el miedo de que tal vez nunca lleguemos a serlo y de que nuestra vida haya sido en vano. Siempre sentimos como que algo más nos hace falta y que si tan solo lo consiguieramos finalmente estariamos "completos".
La carrera empieza entonces con preguntas que nos hacen a todos de niños ¿y tú que quieres ser cuando seas grande? Después en la adolescencia ¿qué carrera piensas a estudiar? Pero eso no es suficiente, luego tenemos que decidir en qué vamos a especializarnos, cuál va a ser nuestro campo de trabajo, con quién nos vamos a casar, donde vamos a comprar la casa, en qué colegio van a estudiar nuestros hijos, cuál es es el mejor plan de jubilación y hasta en qué cementerio nos van a enterrar. Vemos la vida como un asunto muy serio en donde debemos esforzarnos cada segundo por lograr algo.
Y siempre en nuestra mente tenemos la idea de que estamos trabajando para llegar a ese objetivo que nos vendieron de niños, ser exitosos (ojala en todas las área de la vida, profesional, familiar, laboral, etc.) Y con cada escalón que subimos (graduarnos del colegio, de la universidad, ascender de puesto, casarnos) sentimos que nos acercamos más y más a esa meta, a ese fin que tanto anhelamos y que le da sentido a nuestra vida.
Asi cuando finalmente llega nuestro ultimo dia en la oficina, el consultorio o la tarima, después de sesenta o mas años buscando esa meta por fin podemos decir ''lo logre, he llegado" y celebramos hasta la saciedad.
Pero al despertar el dia siguiente hay una extraña sensación. De pronto vemos a nuestro alrededor y notamos que en el fondo nada ha cambiado, no nos sentimos muy diferentes a todos los días anteriores, el cielo sigue siendo azul, el sol brilla igual que antes y la gente sigue siendo igual de buena o de mala.
Entonces en ese momento tal vez nos sintamos un poco engañados. Y es que en verdad hemos sido engañados. Resulta que por estar buscando desesperadamente esa "meta" que nos prometieron (o que nosotros mismos nos prometimos) nos perdimos de la vida.
Por que en realidad no se trata de "llegar a algo", se trata de escuchar la música y de cantar y bailar con ella en este mismo instante.
Escucha la música de tu vida con atención en cada momento y descubrirás lo perfecta que es.
Por que esa música eres tú.
Santiago Jimenez Blanco
lunes, 19 de enero de 2009
¿Cómo suena un árbol al caer... si no hay nadie que lo escuche?
Lo que no sabían los antiguos maestros es que la ciencia moderna nos puede ayudar a entender este hermoso Koan.
Sabemos que el sonido son ondas, vibraciones que se propagan a través del aire y que luego impactan nuestros oídos, después se convierten en impulsos eléctricos que son procesados en nuestro cerebro y finalmente aparece en nuestra conciencia aquello que llamamos sonido. Por lo tanto el sonido no está "allá afuera", está literalmente adentro tuyo, tú lo creaste. Afuera solo hay vibración, y esta vibración se convierte en sonido únicamente cuando la procesamos.
En otras palabras, afuera de nuestros sentidos solo existe un potencial, solo existen posibilidades infinitas, vibraciones que luego nosotros mismos convertimos en aquello que llamamos realidad.
No hay sonido si no hay nadie que lo escuche ¿No es esto increíble?
Si de verdad comprendemos esto, nos daremos cuenta de cómo nosotros mismos creamos nuestro mundo, nuestra experiencia de vida momento a momento, por que el mundo no está "allá afuera". Así como tú mismo creas el sonido, tú mismo creas literalmente tu mundo, TU pones los limites. Todo este universo que tienes en la cabeza no existiría sin ti. Está siendo creado por ti en este mismo instante.
El problema es que no nos damos cuenta de este proceso y creemos que la realidad es algo externo a nosotros, algo que debemos confrontar y manipular para lograr cosas y sentirnos felices; eso es un tremendo engaño. Sentimos que el mundo viene hacia nosotros cuando en realidad sale desde nosotros. En la primera situación somos victimas, en la segunda somos creadores.
Tú creas tu alegría y tu tristeza, tu éxito y tu fracaso, tú creas todo tu mundo momento a momento.
Y la forma como lo creamos es a través de nuestra interpretación, me explico con un ejemplo:
En nuestra cultura hay un marcado miedo a la muerte, o sea que vemos a la muerte como algo terriblemente "malo" y de lo cual debemos huir. Sin embargo existen culturas donde la muerte se mira con regocijo, como un paso a otro mundo, como liberación, etc. Entonces ¿Cuál es la "realidad"? ¿Es la muerte algo malo o algo bueno? En verdad es lo que tú decidas que sea, lo que pasa es que no somos realmente concientes de cómo tomamos nuestras decisiones, las tomamos automáticamente basándonos en patrones que nuestra cultura nos implantó.
El ser humano conciente no cae en estos juegos, él sabe que el mundo es su creación, él sabe que él y el mundo no son dos cosas, son una sola e inseparable.
Para un ser conciente es fácil amar todo lo que existe, por que reconoce que es su creación.
O sea que si sientes odio hacia alguien o hacia algo recuerda que ese odio no está "allá afuera" , tú lo estas creando, está adentro tuyo envenenando todo tu ser.
No trates de arreglar el mundo, trata de arreglar tú mundo. Y el primer paso para hacerlo es reconocer que esta siendo creado por ti en este mismo instante.
Tú no estas separado del mundo.
El mundo eres tú.
Santiago Jimenez Blanco
miércoles, 14 de enero de 2009
Los opuestos y tu YO verdadero
Simplemente hemos decidido no poner nuestra atención en ellas. En otras palabras: Estamos dormidos.
De la misma forma en que arriba y abajo no estan separados, aquello que llamas "yo" y aquello que llamas "no yo" tampoco lo están.
Lo que tú eres es el universo entero, esa es tu verdadera naturaleza, tu verdadero YO.
Santiago Jimenez Blanco.
sábado, 20 de diciembre de 2008
¿Y al fin Dios qué?
Teniendo en cuenta que este es un blog recién nacido y que realmente no soy escritor, para este primer post decidí escribir acerca de algo sencillo y que todos tuviéramos perfectamente claro:
Dios
Entonces sin más preámbulos ¿qué es Dios? Les cuento como yo lo expresaría:
Dios es aquello que está viendo a través de tus ojos, escuchando a través de tus oídos y sintiendo a través de tu piel en este mismo instante.
Y eso que Dios está viendo, escuchando y sintiendo en este mismo instante es una película, una película creada por él mismo para entretenerse porque estaba aburrido de ser todo y de tenerlo todo.
Pero resulta que se entretuvo tanto que se olvidó de que fue él quien creó la película y de que él mismo está interpretando todos los papeles. Él es el autor, los actores y el público.
Y eso eres tú.
Pero ¿y cómo es que no lo sabíamos? ¿cómo es que no sabíamos que somos todo, que somos infinitos?¿además si yo soy todo entonces porqué me siento separado, aislado y lleno de problemas?
No lo sabíamos y sobre todo no lo sentimos asi porque estamos acostumbrados a creer que el mundo esta compuesto de "partes". Creemos que una flor es una parte, una piedra es otra parte, una nube otra y aquello que llamamos "yo" otra. Luego todas estas "partes" de alguna manera se suman y tenemos esa cosa que llamamos "el mundo".
¿Pero qué es "el mundo" en realidad?
Pues en realidad "el mundo" es quien tú eres.
Pero mientras sigamos creyendo que somos "una parte" del mundo no podemos despertar, no podemos entender quienes somos realmente. Y soy muy cauteloso con la palabra entender porque, siendo sincero, debo decir que esto es algo que puede ser experimentado, mas no entendido. De hecho es precisamente nuestra necesidad de entender quien somos lo que nos impide experimentar quien somos (el mundo entero, el infinito) porque aquello que esta tratando de entenderlo es nuestra mente, y la mente no lo puede entender, ya que el trabajo de la mente es crear límites, es ella la que se encarga de poner el límite entre "esto y aquello" "adentro y afuera" "arriba y abajo" y finalmente "yo y no yo". O sea que es nuestra mente la que nos dice hasta donde llegamos.
¿Que tal? ¿como si nuestra mente tuviera el derecho de definirnos, de limitarnos?
Recuerda esto: cada vez que te defines, te limitas.
Si alguien nos pregunta: ¿y tú quién eres? solo podemos responder con una definición (soy x el hijo de x y hago x) pero nada de eso es lo que somos.
Pretender explicar quien somos usando palabras, símbolos o conceptos es como pretender que alguien que nunca se ha comido una fresa sepa lo que es comerse una fresa explicándole lo que es comerse una fresa.
Ten esto bien claro: Tú no eres tu nombre y tú no eres lo que haces, eso solo son palabras.
Si fuera así, al cambiar de nombre y de profesión dejarías de ser.
La verdad es que no hay manera de definir quien eres tú, por que tú eres todo, tú eres este mismo instante.
Bueno, pero y cómo fue que empecé por preguntar ¿qué es Dios? y terminé por preguntarme ¿quién soy yo?
Será que para saber qué es Dios ¿hay que mirar adentro?
Repito:
Dios es aquello que está viendo a través de tus ojos, escuchando a través de tus oídos y sintiendo a través de tu piel en este mismo instante.
Y eso que Dios está viendo, escuchando y sintiendo en este mismo instante es una película, una película creada por él mismo para entretenerse porque estaba aburrido de ser todo y de tenerlo todo.
Pero resulta que se entretuvo tanto que se olvidó de que fue él quien creó la película y de que él mismo está interpretando todos los papeles. Él es el autor, los actores y el público.
Y eso eres tú.
Así que la próxima vez que mires una flor recuerda que no eres tú mirando una flor. Es Dios mirando a Dios y Dios siendo visto por Dios.
La próxima vez que acaricies un gato recuerda que no eres tú acariciando un gato. Es Dios acariciando a Dios y Dios siendo acariciado.
Y la próxima vez que pises caca de perro recuerda que no eres tú pisando caca de perro, es Dios pisando y Dios siendo pisado.
Y todo eso eres tú.
Santiago Jiménez Blanco.